viernes, 21 de febrero de 2014

Báñez y el SMI

Fátima Báñez, esa señora que jamás ha trabajado fuera de la política y que sin embargo es nada más y nada menos que Ministra de Empleo, se despachó con unas declaraciones en las que afirmaba que “la congelación del Salario Mínimo Interprofesional tiene un efecto beneficioso para el bienestar de todos los españoles” y que “con esta medida queremos contribuir con más fuerza a la recuperación y la mejora de la competitividad”.
Desde que Báñez está al frente del ministerio, el S.M.I. (645,30€/mes) no registró ninguna subida el primer año, una del 0,6% el segundo y este año vuelve a sufrir la congelación que nos permitirá competir con países como Bangladesh no en innovación y desarrollo, sino en ver quien puede pagar menos a sus trabajadores. Quizás para el 2015 fije el cuenco de arroz diario como S.M.I., aunque mejor no le doy ideas.
Ayer mismo por cierto, la Comisión Europea comunicó queencontrar trabajo en España no es garantía para salir de la pobreza y que solo alrededor del 35% de la población española en riesgo de pobreza entre 18 y 59 años que encuentra un trabajo, logra salir de ella.
¿Puede explicar esta señora cómo degradando el mercado laboral, fomentando la temporalidad y con un Salario Mínimo ridículo puede resultar beneficioso para los españoles? Y no solo al trabajador por cuenta ajena, sino también al pequeño comerciante, ese cuyo mercado no es el exterior, sino el vecino del barrio que le compra la fruta o el pan, ¿le beneficia que sus potenciales clientes sean cada vez más pobres? ¿Y al que tiene un bar? ¿Irá a tomarse una caña el que apenas llega a fin de mes?
Hace un año y medio y al grito de “que se jodan”, nos anunciaron el recorte en las prestaciones por desempleo, porque según el PP “desincentivaba” la búsqueda de trabajo.
Su alternativa a un subsidio miserable es un salario aún más miserable y si no, siempre te queda la opción del exilio económico, llamado por ellos eufemísticamente “movilidad exterior”. Y si dicha estancia en un país extranjero dura más de 90 días, te retiran la tarjeta sanitaria (para eso no son tan “providas”). Los gobiernos socialistas de Andalucía y Asturias han anunciado que no aplicarán dicha medida.
Vistos los resultados, lo lógico sería que la hubieran cesado hace tiempo, pero su labor que tan malos resultados está dando para la mayoría, no lo es para a los que se debe realmente el Partido Popular, que no somos los que les pagamos sus salarios declarados.

La libertad del PP

El Partido Popular siempre ha tenido a gala una defensa del concepto de libertad y no son pocos los que en su seno se consideran a sí mismo liberales, con una preponderancia del individuo y sobre todo del individualismo, sobre lo colectivo, pasando lo social a un segundo plano siendo generosos. Pero esta defensa del individuo del que presumen, no es más que una perversa confusión, ya que lo que supone un mercado de trabajo totalmente desregularizado, un sistema bancario sin control o facilitar la especulación urbanística en las costas españolas (cortesía del ministro Arias Cañete) es la ley de la selva, no la defensa del individuo. Durante la primera parte de la legislatura del Partido Popular se han dedicado a arrasar con el Estado del bienestar y los derechos laborales y en esta segunda, sin abandonar ese objetivo, se están empeñando en acabar con las libertades individuales, no solo de expresión y manifestación, sino también en el derecho a decidir sobre la maternidad.
En un claro ejemplo de imposición ideológica de estos señores tan “defensores de la libertad”, causa indignación hasta que punto los conservadores (no liberales) se permiten a jugar con la vida de la gente. El ministerio de la señora Ana Mato excluye a lesbianas y mujeres solteras de la reproducción asistida en la Sanidad pública y para colmo el que parecía no hace mucho el “progre” del PP, el señor Gallardón en un viaje al pasado, pretende decidir sobre la maternidad de las mujeres, imposibilitando a las mujeres el derecho al aborto salvo en el caso de que… sea mujer. Fíjense si es demencial, unas señoras desean ser madres y el PP les niega ese derecho y a otras que no lo desean, se les obliga a serlo. Con ello contentan a los fundamentalistas religiosos de extrema derecha, que quieren imponer a los demás su modo de vida y lo que consideran que debe ser una familia, mientras una vez más, atentan contra la mayoría social del país.
¡Qué cruz (nunca mejor dicho) nos ha caído con este gobierno!