lunes, 30 de mayo de 2011

Indignados vs capillitas

Una de las cosas que mejor han hecho los "indignados" es pedir que no haya un solo porro ni una litrona durante las reuniones, para evitar así dar mala imagen y que se les achaque que básicamente están de botellón.

He leído comentarios en las noticias digitales de los periódicos en que se achaca a los manifestantes jerezanos que se van a un bar cercano a beber cerveza.Y digo yo,¿es qué es un grave pecado parar un momento y tomarse una caña?¿Tu reivindicación pierde peso si te tomas una?¿Con un poleo menta la cosa cambia?Una cosa es que te dediques al botellón puro y duro y otra es que no puedas parar a refrescarte.

Pero ya que estamos y siguiendo el cristianísimo concepto de la viga y el ojo, me pregunto si todos aquellos que arremeten contra estos chavales por tomarse una cerveza, abjurarán del alcohol en Semana Santa.Y si nos ponemos radicalmente en contra del alcohol y la suciedad,también sería lo suyo criticar el Rocío.

¿Tanto molesta este movimiento a algunos?Si alguien fuera un político corrupto lo entendería o incluso siendo ideológicamente conservador, este movimiento tiene puntos que pueden agradar a un ciudadano de a pie.Yo,que milito en un partido de forma muy activa,siendo éste uno de los del "perverso bipartidismo" y que incluso por el mero hecho de ello puedo ser sospechoso de vaya usted a saber qué,considero que este movimiento aunque todavía de poco peso en las ciudades pequeñas y medianas y posiblemente con fecha de caducidad cercana,puede servir y de hecho lo hace, para agitar conciencias,que en estos tiempos que corren, ya es algo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy contigo, Carlos.
Paco Aguilar

Anónimo dijo...

Hay capillitas entre los indignados

Hypatia XXI dijo...

Me ha parecido muy interesante, el enfoque, es completamente cierto, para hacer una reivindicación legítima hay que mantenerse sobrio incluso disimular que no te vean tomándote una caña o un vino.
Pero ni en las romerías ni en semana santa se cuestiona la religiosidad de la gente si entra en los bares.
La doble moral, el discreto encanto de la burguesía, ya lo dijo Buñuel.